miércoles, 29 de julio de 2009

Sueños

Un auto se desliza sobre el asfalto empapado de recuerdos y resentimiento. Sueños destruidos por maniáticos embriagados de poder y corroídos por la codicia. Debo reconocer que no puedo dejar de escuchar este disco sin dejar caer una lágrima. Puedo sentir en este mismo momento como se humedecen mis ojos por el peso de los sonidos; esos que disparan extraños mecanismos en la memoria, escarbando en lo profundo, como un psiquiatra en busca de respuestas.

Las voces se desangran en el fondo. Todo parece un sueño; un grito desgarrador que se funde en un saxofón. Preguntas sin respuestas. No puedo evitar transportarme a lejanos momentos y lugares. Extraños tiempo, perdidos llenos de esperanza y dudas, donde cada acción perecía modificar el futuro.

Escucho unos pasos que me persiguen a lo lejos, como los recuerdos de quienes ya no están. Intentamos recordarlos a nuestra manera, aún no haciendo nada. Por momentos, me pregunto si aquellas decisiones me habrán traído al lugar correcto, si es aquí donde debo estar. Tomo aire, me seco las lágrimas y veo el amanecer, el día se acerca con la fuerza de dos soles. Finalmente lo entiendo: nada puede ser mejor que estar aquí y ahora.

martes, 21 de julio de 2009

La llamada

Entrecerró levemente los párpados, como para que el mundo se mueva en cámara rápida. La penumbra se iba colando por las rendijas de la puerta.

Se reclinó en el sofá. Tomó la pava, contempló su estado y como tantas otras veces se prometió comprar otra, sabiendo que jamás lo haría. Cebó un mate, sorbiendo de la bombilla con desgano. Tibio, como el abrazo de un pariente lejano; lavado, sin gusto.

Se paró con esfuerzo y avanzó tres pasos hasta la mesa del teléfono. Año tras año le costaba más darlos. El tiempo, las enfermedades y los reveses de la vida se habían encargado de menguar sus fuerzas. Descolgó el teléfono y comprobó el tono. Satisfecho volvió a colocar el tubo en su lugar.

Volvió al sillón a paso aún mas lento y se dejo caer con cuidado. Esperó paciente. La luz ya pertenecía al pasado. Dormitó por varios minutos hasta que, desorientado, volvió a levantarse. Avanzó a tientas hasta el interruptor con las manos temblorosas. Sus ojos volaron hasta el aparato, mudo sobre la mesita.

Tragó saliva y no hizo ningún intento por contener las lágrimas. Se alejó del teléfono, resignado. Sabía que nadie llamaría aunque siguiera esperando.

miércoles, 15 de julio de 2009

Madrugada

Llegué al departamento después de una noche de juerga, el sol ya se asomaba por detrás del horizonte. Sin desvestirme, me dejé caer en la cama vencido por el alcohol y la música electrónica. Para ser lunes por la mañana, el edificio estaba tranquilo. Sonreí mentalmente al recordarlo. Vivir de la familia es gratificante.

En cuanto apoyé la cabeza en la almohada, una serie de ruidos sordos cayeron desde el piso de arriba. Tum... tum... tum. El extraño y rítmico sonido recorría la estancia. Hubiera jurado que eran pasos, pero el tiempo entre cada uno era demasiado largo como pasa sostener mi teoría.

El sonido cesó de repente. Con los ojos vidriosos, volví a apoyar la cabeza agradecido. La dicha no duró demasiado. Casi de inmediato, el simple ruido anterior se convirtió en estruendo. El mismo tempo, mayor volumen. Las ventanas vibraron, e imágenes de una vieja película invadieron mi mente.

Fuera de control, salí del departamento y corrí escaleras arriba. Mis nudillos lloraron por los golpes. Los ruidos cesaron. La puerta se abrió y detrás de ella aparecieron cinco gringos enfundados en extraños uniformes negros con brazaletes rojos. Me miraron con ojos desorbitados; luego se abalanzaron sobre mi.

jueves, 9 de julio de 2009

9 de Julio

Tomó una hoja en blanco, sabiendo que tenía una deuda de honor que saldar. Sostuvo la pluma con los dedos temblorosos, con un sinnúmero de emociones agolpándose en su garganta. Apoyó la punta sobre el papel y lo mantuvo en un punto eterno.

Tenía tantas cosas que contarle, tanto tiempo para recuperar que parecía un imposible. Sabía que con cada año la grieta se ampliaba y la distancia erosionaba la memoria. Calculó que el cumpleaños presentaba una oportunidad perfecta para recorrer la distancia que los separaba.

La pluma inició su viaje por el papel con un “Querido Papá:”. De inmediato, arrugó el papel y lo dejó caer al piso con desgano. Probó entonces con un simple “Papá”. Por primera vez en más de una década dejó fluir sus sentimientos, impregnando el papel con sus emociones contenidas. Firmó y la cerró sin releer.

Buscó las llaves del auto y salió. Condujo tratando de no pensar en la carta. Llegó a su destino y se quedó inmóvil durante varios minutos. Bajó del auto, cruzó el portón de hierro y avanzó a paso firme. Se arrodilló frente a la tumba y dejó la carta junto al frío mármol.

lunes, 6 de julio de 2009

El Pasajero

El taxista me miró por el espejo. Elevando las cejas me dijo: "A dónde?". "Al centro" le respondí en automático. Una cuadra después le especifiqué el destino.

Rompimos el hielo con algunos temas trascendentales como el calor y la Gripe A. De la nada, me contó que era su último año como taxista. Lo miré intrigado y noté que bajo la espesa tintura negra y las marcas del tiempo, había una persona de más de sesenta años.

"Sabés qué? No doy más, Pibe. No creo que llegue a jubilarme". Las palabras se amontonaron en mi garganta. "Seguro que me pasa como a la Vieja, una embolia. Estaba sana, pero se fue. Lo mejor, acostarme a dormir la siesta y seguir derecho… Lo único que espero; que no me pase acá..." Golpeó el volante para completar la idea, mientras el auto corría a más de ochenta kilómetros por hora por una de las calles mas transitadas de la ciudad. Me imaginé a esa velocidad y un conductor muerto.

Traté de cambiar de tema, recurriendo a temas más placenteros como viajes y lugares para visitar. El slalom demente continuaba.

Llegamos a destino. Pedí el ticket, pero nunca llegó a entregármelo.