sábado, 23 de marzo de 2013

Llaves


La sonrisa ausente en su rostro de portada me advirtió a cerca del cataclismo que se avecinaba. No me sorprendió, debería reconocer; pero la situación profundizó mi sensación de tristeza; de vacío.
Para tan triste y anunciado final, no podría señalar más motivos que una encubierta y descarnada lucha de poder. El tradicional y enraizado comportamiento del macho de antaño que intenta dominar y someter; contra la irrefrenable energía del mundo del modelaje. Las fiestas interminables, los múltiples viajes y los cheques exorbitantes fueron abriendo una brecha entre enamorado perdido y el estúpido machista. Tal vez fue su belleza descomunal o el que me abriera las puertas de su hogar lo que acabó por desbarrancar los restos de nuestra relación. 
Las refriegas fueron creciendo y el tema no tratado del poder se convirtió en un tercero. Ella, como siempre, me miró sorprendida, Mis retorcidos razonamientos habían sido un misterio desde el comienzo para su inquebrantable personalidad, defensora de la libertad y de la vida sin preocupaciones. 
Fue en ese momento, en ese último instante donde el entendimiento absoluto me alcanzó. Lástima que la iluminación me llegó justo cuando mis más duras palabras afloraban y en el que su paciencia se agotaba. La sonrisa le volvió al rostro, pero ya sin la calidez habitual; devolviéndome una respuesta tajante a mi último y estúpido análisis filosófico. “¿Balance de poder? ¡Las llaves son poder!” Me dijo antes de quitármelas de la mano, acompañarme hasta la puerta y cerrármela en la cara.

sábado, 2 de marzo de 2013

El Hombre que no Salía en las Fotos

Mientras revisaba unas viejas fotos del último año de la secundaria noté con preocupación que no aparezco en las fotos. En ninguna. Llegué a dudar si es que en verdad estuve ahí, esforzándome por dar una mirada a través de la niebla de los años, pero la duda se extendió.
Las primeras sospechas comenzaron cuando un grupo compañeros del colegio lanzaron la tan temida reunión de los veinte años. Algo así como una patada en el centro de lo que nos queda de esa falsa creencia. La temida confirmación. La juventud se ha evaporado, dejando algunos incongruentes vestigios de madurez.
Atadas a las invitaciones y comentarios, llegaban las imágenes de aquellas épocas pasadas. Piqué fotos durante un par de horas a tanta velocidad como el mouse me lo permitía. Nada. Me concentré entonces en buscar la única foto en la que no podía faltar: La postal en la montaña. Si Bariloche tenía algo de previsible es que no podías volver sin tu Postal de Gran Angular. Las inevitables montañas detrás, el pino solitario y las camperas pasadas de moda. Un clásico. Lo preocupante fue que en esa tampoco me encontré. La confirmación del dilema.
Me dediqué durante toda la tarde a sacar cajas llenas de moho en busca de las fotografías de antaño. Encontré la caja de un viejo juego de mesa. En su interior, una docena de imágenes se amontonaban. En ellas se retrataban los últimos veintitantos años de mi vida. Una serie de saltos temporales llenos de emociones tan profundas que rompieron las barreras del olvido.
Una pasada rápida a esas instantáneas polvorientas fue suficiente para ayudarme a descubrir el misterio. Mirando el espejo, nunca identificaría a aquel muchachito delgado y pelilargo de principios de los noventa.