sábado, 28 de junio de 2008

Asalto

Besó a los niños mientras dormían, apagó la luz y caminó por el pasillo con una sonrisa. Escuchó un ruido sordo en el techo. “El viento”, pensó para tranquilizarse, pero se mantuvo alerta e inmóvil. Otro ruido, en un lugar diferente. Su corazón se aceleró. Corrió hasta la ventana y miró los árboles, inmóviles como una deslucida pintura. Caminó hasta la habitación con pasos largos, conjeturando. Alguien caminaba por el techo. Una o más personas. Ordenó a su mujer que buscara los niños y se encerrara en el vestidor del dormitorio. “Llamá a la policía”, le dijo antes de correr rumbo al comedor. Los ruidos se multiplicaban. Calculó por lo menos tres personas. Mientras revisaba las ventanas traseras, lo sobresaltó una serie de golpes en la puerta. “La policía, abra!” Le gritaron desde afuera. Vacilante, se acercó hasta la puerta y por la mirilla vio a cuatro oficiales parados en la entrada. Detrás de ellos, psicodélicas luces azules iban y venían. Abrió la puerta unos centímetros y los oficiales se presentaron. Aún temeroso, les cedió el paso para que revisaran el lugar. El cuarto oficial trabó la puerta al ingresar dejando tras de si una serie de huellas alquitranadas.

domingo, 22 de junio de 2008

Equilibrio

Hace una semana que la tierra comenzó a temblar. En cada rincón del planeta aparecieron monstruosas grietas; los volcanes regurgitaron ríos incandescentes y lluvias de ceniza. La intensa actividad volcánica observada en los polos ha derretido aquellos hielos que creíamos eternos. En consecuencia, las ciudades costeras están siendo alcanzadas por olas gigantes que destruyen toda huella humana. Aún no se conoce cuánto ha crecido en nivel del mar. El evento cataclísmico no fue inesperado. Diversas organizaciones ambientalistas lo anunciaron incontables veces durante años. Nadie los escuchó. La discusión ahora se centra en la gravedad de la situación. El fenómeno desaparecerá tan fugazmente como se inició, o será sólo el comienzo? Las redes informan que ciudades completas han sido devastadas. Tokio, Los Ángeles, San Francisco y Santiago son sólo algunas. El patrón es claro y lógico. Millones de vidas se han perdido. Las miradas se han vuelto a la comunidad científica, instándolos a encontrar una rápida solución. Los más ilustres se han reunido en África, el continente menos afectado hasta el momento. Desde allí, emitieron hoy el primer informe oficial: “Hemos dañado el Planeta hasta convertirnos en una seria amenaza. Como todo sistema dinámico, está reaccionando para retornar al equilibrio.”

domingo, 15 de junio de 2008

Emergencia

La sirena sonó mientras intentaba conciliar el sueño. Pensé que se trataba de otro simulacro por lo que no le di mayor importancia. Era el tercero desde que habíamos zarpado y ya no me divertían. Comencé a preocuparme luego de quince minutos de gritos continuos. El terror me alcanzó cuando noté que el barco se inclinaba sensiblemente hacia la izquierda. Desde el ojo de buey pude ver el mar mucho más cerca de lo habitual. Me vestí apenas como para salir y corrí a la puerta. ¡Trabada! Mis entrañas se volvieron de fuego. Traté de calmarme. Tomé aire, giré el pestillo y volví a tirar de la puerta. Luego de una hora de forcejear, logré romper la traba. Alguien deliberadamente puso un palo de golf en mi puerta. Varios nombres surgieron de mi memoria, pero en un instante pasó a segundo plano al recordar la urgencia. Corrí enloquecido, luchando contra la creciente inclinación de la nave. En cubierta, descubrí que no había nadie. Ni botes salvavidas ni nada de que aferrarme. Les cuento esto por si no llegan a tiempo. De todos modos intentaré asirme de algo. Y si algo me pasa, hablen con Juan Carlos González y Edgar Álvarez.

domingo, 8 de junio de 2008

Crónicas de un taxista – Imprevistos

Por mi culpa hoy murió un hombre. La cosa venía desarrollándose acorde a lo esperado, como las últimas veces. Algún ladrón de “medio pelo” intentaba robarme, lo atrapaba, catalogaba y lo soltaba. Sin incidentes. Decenas de ladrones adornaban mi sitio web y cada vez más taxistas lo consultaban. Ya se hicieron tres arrestos gracias a mi trabajo. Curiosamente, nadie intentaba bloquear el sitio; aunque claro, ni el sitio ni yo existimos. El desvío se originó cuando el tipo en lugar de amenazarme, me cortó. No fue profundo, pero cuando sentí el tajo sólo atiné a protegerme y perdí el control. Íbamos a más de ochenta cuando impactamos contra el árbol. El cinturón me contuvo, pero el tipo no tuvo tanta suerte. Impactó contra el parabrisas. Ni bien me recuperé, lo recosté sobre el asiento de acompañante. Agonizaba. Tuve que pensar rápido. Me bajé del auto y lo senté tras le volante. Revisé la escena y de inmediato supe que nadie lo creería. Me recosté bajo el auto y busqué la manguera para romper un extremo. El penetrante aroma inundó el espacio. Tiré con fuerza de la instalación eléctrica y volví junto al volante. Giré la llave un par de veces, hasta que un suave resplandor se dejó ver bajo el auto. Me alejé corriendo, rogando que ya estuviera muerto.
Quinto capítulo de la serie. Continúa aquí