sábado, 30 de noviembre de 2013

Vecino


Llegamos justo cuanto lo cargaban en la ambulancia. Las luces centellaban, iluminando los árboles y las casas del oscuro vecindario. Nos acercamos a pasos largos.
– ¡Fuerza, Viejo! – le dije por lo bajo palmeándole la mano. – Te vamos a acompañar.
–¿Quién carajo sos? – preguntó confundido, casi sin voz y con los ojos entrecerrados.
– Tu vecino, viejo. – Giré la cabeza enfrentando al paramédico. – ¿Se va poner bien?
El conductor de la ambulancia nos indicó balbuceando que parecía ser algún tipo de problema cardíaco, que lo llevaban al Hospital de Urgencias. Su cara manchada de luces carecía de expresión. Le indiqué que buscaríamos algo de ropa y los alcanzaríamos en el hospital.
Cerraron las puertas y partieron con un chillido de neumáticos. Los vimos desaparecer al doblar la esquina. Recorrimos el camino de piedras rumbo a la casa. Las luces permanecían encendidas en casi todas las habitaciones. Se observaba cierto desorden en el comedor, como si el incidente se hubiera desarrollado allí.
Recorrimos la casa y sin demasiado apuro tomamos todo los objetos de valor que pudimos transportar. Fuimos muy selectivos. Pocos minutos más tarde nos alejamos satisfechos por el premio, pero mucho más por nuestro receptor portátil para la frecuencia de emergencias.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Laberinto


Podría mentir y decir que no se cómo es que llegué hasta aquí; pero una vez más estaría buscando problemas. El mismo tipo de los que me trajeron hasta aquí.
A mi alrededor solo veo difusos reflejos de mi mismo, distorsionados en tantas formas como solo mi imaginación seria capaz de producir. No hay a donde ir, no hay una salida a la vista o el menos no la encuentro.
Camino con las manos frente a mi, como un zombi dubitativo. De inmediato mis manos hacen contacto contra el frío cristal de los espejos. Los dedos doblados en ángulos imposibles se quejan de dolor. Camino sin destino, topándome constantemente con inertes obstáculos adornados con un rostro conocido.
Por momentos intento avanzar con los ojos cerrados, preguntándome cómo sería la vida sin cada una de las cosas por las que me arrepiento. Probablemente mejor. Probablemente no.
Los obstáculos se fueros sucediendo mientras el dolor en las manos se intensificaba. Finalmente, uno de los espejos cedió ante la presión, mostrándome un mundo violento e incomprensible, cargado de desigualdad y malicia.
Apoyé la espalda sobre la puerta y ejercí cierta presión hasta sentir como cedía, volviéndose a abrir. Me deslicé con suavidad hacia adentro; proponiéndome invertir el tiempo que sea necesario y golpearme los dedos hasta sangrar, pero conseguir una salida más prometedora.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Monumento

Durante casi diez años nos guió con mano de hierro, pero olvidando a menudo calzarse el guante de seda. De alguna manera, se las arregló para limar cada una de nuestras explosiones de creatividad, de condicionar nuestro libre albedrío y reducir a polvo cada insignificante expresión de humanidad. 
Así fuimos arrastrados por tiempos violentos, tiempos de paz, tiempos buenos y malos; soportándolo, apoyándolo y odiándolo en secreto. Los años pasaron y la realidad fue forjándose a la medida de nuestro indiscutible líder; confirmando que quien se prepara para lo peor, a menudo lo consigue.
Hoy nos reunimos frente a este monumento para honrar su memoria, en medio de los tiempo confusos que vivimos como consecuencia de su inesperada evanescencia. Comprendimos que ya no nos guía ni nos acompaña, tan sólo su recuerdo permanece grabado a fuego en nuestra memoria. Algo que esperamos se erosione con el paso del tiempo. 
La turba se fue alejando. Los rumores a cerca de la desaparición de nuestro Salvador aún recorren los pasillos. Todos apuestan por el mito de su escape a la vida idílica en algún paraíso tropical, pero nuestro pequeño grupo ruega porque nadie tenga la idea de inspeccionar dentro de la estatua.