martes, 20 de marzo de 2012

Enfermero

Aún cuando se supo cercado por los investigadores, decidió continuar con su siniestro pasatiempo. Semana tras semana, se dedicaba a recorrer los pasillos de los hospitales en busca de pacientes en sufrimiento extremo para darle un punto final a su dolor. Las señales que buscaba eran claras e inconfundibles. Transparentes, a sus extraordinarios poderes de observación. Un ceño fruncido en penosa máscara o una mirada vacía de toda esperanza eran inequívocos indicadores.

El tiempo le había enseñado a reconocerlo y la experiencia a actuar en consecuencia. Sus métodos, que en los comienzos tenían la sutileza del ataque de hienas hambrientas, habían alcanzado la refinación del artista consagrado. Podía tratarse de una microscópica dosis de algún extraño medicamento o la inesperada falla del respirador mecánico, pero el patrón se repetía una y otra vez; el impecable y oportuno final para el sufrimiento desmedido.

Tal vez fue la indiferencia de la repetición o la cuidadosa investigación del comisario en jefe de la policía federal, pero lo cierto es que el círculo se había cerrado hasta casi asfixiarlo, dejándole pocas alternativas. Demasiadas coincidencias, demasiados registros.

Mientras el comisarios subía las escaleras del hospital escoltado por una docena de policías de elite, el enfermero, un regordete y cuarentón de oscuras facciones, se perdió en el depósito de insumos, reapareciendo segundos después como un camillero fortachón de facciones escandinavas.

lunes, 5 de marzo de 2012

Patrimonio

Anoche salí a dar una vuelta. Necesitaba algunas cosas para la casa y también estirar un poco las piernas. Una necesidad que contribuye a la satisfacción de otra. ¿Que más se puede pedir? Elegí la zona del centro. Por un lado porque no está tan lejos y por el otro porque en general ahí consigo lo que necesito. Otro doblete.

La noche siempre ha sido una buena compañera de caminatas. El aire es distinto, casi fresco, aún en medio del verano. El tráfico disminuye hasta alcanzar el rango de lo tolerable y la ausencia se luz ayuda a resaltar características que delinean lo mejor de la arquitectura. La frenética actividad desaparece casi por completo, a excepción de algunas de extrema necesidad; legales y no tanto.

Me mantuve en los alrededores del microcentro, donde los intercambios comerciales son tan básicos como decadentes. Una zona extraña, plagada de personajes extraños y envueltos en actividades extrañas. Unos, parte del decorado, otros en paso fugaz buscando emociones.

Alargué el paso rondando un par de veces la misma cuadra, buscando. Un rato después, estaba de vuelta en casa con algunos víveres, unos mangos y una bala menos. Por supuesto, también algo más de que arrepentirme.