domingo, 6 de noviembre de 2011

Encrucijada

El comandante de la Guardia Suiza nunca llegó a cruzar el umbral. Aún sabiendo lo que ocurriría, optó por internarse en el Vaticano y enfrentar la hipocresía. El obispo que mantenía prisionero había confesado lo inimaginable: el nuevo Pontífice era un fraude, una oscura construcción con propósitos más profanos que espirituales.

Con sus principios y valores enfrentados, caminó rumbo a los aposentos papales a enfrentar al Santo Padre. Ordenó retirarse a la guardia personal. Cerró la puerta y se aproximó a su protegido. Esforzándose por mantener el pulso firme presionó con gentileza la daga contra la base del cuello del anciano. Le exigió la verdad. No fue necesario aplicar los tormentos impartidos a su prisionero. Obtuvo la confirmación.

Abandonó la habitación en silencio. Bajó hasta las mazmorras, asegurándose de no ser visto. Conteniendo la respiración, colocó una bolsa de plástico sobre la cabeza del obispo. Esperó unos minutos y arrastró el cuerpo hasta lo profundo de las catacumbas. "Secretum Santa", pensó.


Este cuento fue enviado al Concurso de de la Escuela de Escritores: Getafe negro 2011. Bases. Una frase de inicio: "El comandante de la Guardia Suiza nunca llegó a cruzar el umbral" 150 palabras. Obviamente, éste tampoco no ganó.