viernes, 25 de diciembre de 2009

Cosecha

Asomado a la ventana, se dejó hipnotizar por la verdosa oscuridad del cielo. Las nubes se agolpaban al sur, amenazantes. El viento comenzó a soplar cargado de humedad. Respiró hondo, dejándose llenar por suaves aromas de hierba y lluvia.

El hombre dejó abiertas las persianas y volvió a la mesa. Sentado frente al portátil consultó con ansiedad la página del clima. Estaba preparado para la madrugada siguiente, y sabía que sería difícil lograrlo si el clima no los acompañaba. Desplegó el pronóstico hora a hora y se quedó inmóvil frente a los llamativos íconos. Nubarrones, rayos y ráfagas de viento de colores sobresaturados y con efectos de relieve.

Sintió deseos de beber un trago de vodka, pero descargó su ansiedad caminando por la casa y comiendo maní salado. Consultó el reloj. La hora se aproximaba. Tomó el teléfono y confirmó con cada uno de sus socios. La hora se mantenía. El clima estaba de su lado.

Juntó sus cosas y armó la mochila. En menos de dos horas la tormenta alcanzaría el clímax y se sería el momento ideal. Desde hacía dos años se dedicaban a cosechar casas, edificios y empresas, protegidos por la rudeza de los grandes temporales.

viernes, 11 de diciembre de 2009

El Muerto

Desde su llegada, los deudos fueron acompañados y ubicados por el dueño de la funeraria. En su mayoría, habían sido sorprendidos por la notica en la madrugada y sus caras reflejaban una grotesca combinación de sueño, sorpresa y dolor.

Como en todo pueblo, el encargado de la empresa ejecutaba múltiples funciones de organización; además de las formalidades, no le eran ajenos el servicio de café, ni los ocasionales discursos. En este, como en tantos otros casos, además le cabía un papel extra, el de amigo del difunto.

A la distancia, su único empleado le hacía señas para atraerlo a la oficina. El dueño, intrigado caminó a su encuentro. A mitad de camino alcanzó a divisar a la viuda. Sintió el impulso de acercase a ella, pero la cara de su discípulo le hizo cambiar de idea. Algo andaba mal.

Le tomó casi cinco minutos cruzar la puerta. Su asistente movía las manos, tembloroso. Quiso hablar, pero el tartamudeo lo calló. Finalmente entregó el mensaje: “El muerto... no llegó...”. En un acto reflejo alzó la vista. A través de la ventana pudo ver la funeraria del frente. El enorme salón vacío y un solitario ataúd en el centro.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Imprevisto

- ¿Qué es eso al frente? - preguntó el capitán al Oficial Científico. Avergonzado, el oficial se incorporó de golpe en su butaca y comenzó a ejecutar rutinas en la computadora. - Lo estoy analizando , Sr.

Ante ellos se cernía una especie de nebulosa rosada, particularmente oscura en el centro.

- Tiempo para contacto? - Cuatro minutos cuarenta segundos, Sr. - Sigo sin comprender de dónde salió.

Con el capitán observando de cerca, el preocupado oficial continuó el estudio de la nebulosa. Por momentos parecía alejarse, y aunque se movían a velocidad Warp 5 la distancia no se acortaba conforme a lo esperado. Calculó la composición del fenómeno, pero la computadora le devolvió “Desconocido”. Evaluó la masa y recibió “Infinito”.

- Descienda a Warp 1. - Le indicó al navegante. - Alguien me puede decir que demonios es esa cosa? - No estoy seguro, Sr. Parece una anomalía del espacio-tiempo; como una fisura. Recomiendo que la evitemos. - ¡Continuamos a Warp 5, Sr. y los controles no responden! ¡Nos acercamos a la anomalía! - ¡Evasión!

Ingresaron en el aura rosada, rumbo al centro oscuro. De repente, la nada los envolvió.

- ¿Qué es eso al frente?