domingo, 3 de agosto de 2008
Crónicas de un taxista: Retroceso
Séptima entrega de la serie. Comienza aquí
Hace una semana que volví a las calles, y al taxi. El nuevo auto aún no está preparado para cacerías y yo mucho menos. Aún miro por el retrovisor, esperando ver las luces azules girando enloquecidas, acosándome.
Si bien seguí trabajando por las noches para mejorar mis ganancias, me mantuve alerta, tratando de evitar contratiempos. Anoche no fui tan afortunado y los problemas me alcanzaron. Fue después de dejar a un extranjero en el aeropuerto. Parecía un buen tipo y me dejó cien mangos de propina.
A la vuelta, recibí una llamada. Un cliente regular. Como estaba cerca, accedí. A una cuadra, me topé con una escena tan conocida como evitada. Dos tipos desvalijaban a otro en la oscuridad. Frené a unos metros con la ventanilla baja. Quedaron petrificados. Mi mano buscó la .38 ausente, mis ojos se enfocaron en el trío.
Uno de los delincuentes dio un paso hacia mi mostrándome la profundidad de un viejo .32. Sería un milagro si no le explotaba en la mano.
“Tomatelas”, me dijo irritado. Dudé por una fracción de segundo y luego, con la mandíbula rígida por la bronca puse primera y me alejé tragando con dificultad.
Continúa aquí
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4 comentarios:
Esto da 45 segundos en video. Buena síntesis, Camilo.
Gracias, Diego. por considerar filmable mi txt!
Ojo que 45 segundos es mucho tiempo para lenar...
Un abrazo.
Buena historia, te la podés imaginar, así, inmediata y sin poder pensar mucho qué hacer.
Saludos, Camilo.
Vill, es mejor no imaginarlo. Es una tenebrosa instantánea que todos buscamos evitar.
Gracias por pasar.
Saludos.
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