domingo, 15 de enero de 2017

Almuerzo


En cuanto llamó invitándome a almorzar no lo dudé un segundo. La sola idea de una distracción y una comida gratis fueron más que suficiente. Ubiqué la cita entre “Tiempo Libre” y “Nada para Hacer”. 
Salí de casa con tiempo suficiente como para asegurarme de llegar al menos unos 20 minutos antes de tiempo. La puntualidad es un detalle importante. Conduje con precaución, respetando cada señal y anticipándome a los patrones del tráfico.
El almuerzo transcurrió tranquilo. Discutimos en profundidad sobre los problemas de la empresa de mi anfitrión. Analizamos luego los objetivos planteados. Le expresé mis sugerencias, fundamentadas con claridad. 
Luego, analizamos en conjunto los extraordinarios proyectos en los que mi mente estaba atrapada. Revolucionarios servicios, únicos en su clase y con claros análisis de potencial de negocios. Él se interesó y me lanzó también su lista de preguntas y sugerencias.
Comimos el postre, relajados. Se ve que una de mis ideas caló hondo en mi acompañante, porque volvió de repente con una serie de acciones inmediatas que podríamos implementar. 
Me costó frenarlo, tuve miedo de reconocer que mis aspiraciones sufren el mal de la pereza. Nos bebimos el resto del vino y cada uno volvió a su realidad.

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