lunes, 1 de febrero de 2016

Nubes


Parado en medio del patio, me paralizo al contemplar aquel fantasma  volando directamente hacia donde me encuentro. Los brazos extendidos como en plegaria y los ojos brillantes, sobrenaturales. Reacciono tan rápido como puedo, aunque bien pueden haber pasado varios segundos. Alcanzando cierta claridad mental logro convencerme que se trata del efecto de la nubes en medio de la noche y el brillo descomunal de la luna que puja por penetrar aquella capa. 
Vuelvo a la casa con esa sensación del que ha visto más de lo que pude entender, deambulando durante unos minutos, inseguro y con un cosquilleo en la base del cuello. Con un esfuerzo considerable, retomo el curso de las rituales de los últimos minutos del fin de semana.
La cita semanal con la máquina de afeitar trae cierta calma gracias al suave ronroneo de las cuchillas. El agua caliente aporta algo de calma extra, aunque mucho no dura. Desde la ducha, me llega el reflejo exterior y cedo al impulso. Abro la ventana y quedo hipnotizado. El fantasma estaba más cerca, los brazos casi me alcanzan y sus ojos queman los míos.
Me quedo inmóvil, con el agua corriéndome por la espalda y las rodillas temblorosas. Espero.

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