domingo, 29 de marzo de 2015

Ingenio


Consciente de los riesgos, solo dedicó unos pocos minutos por día a la tarea. El tiempo no tenía sentido.
Las herramientas con las que contaba no eran las mejores, pero estaba decidido a compensar con ingenio lo que le faltara. Una computadora de más de quince años, un editor de gráficos para niños y un acceso a la terminal vía linea de comandos serían sus únicas armas. Un año de lectura previa sobre protocolos de red, paquetes de datos y vulnerabilidad de los sistemas operativos constituirían la fase de preparación del proyecto.
Le tomó una semana conseguir romper las barreras de seguridad y colarse vía lineas de comandos a la internet. Otra semana le tomó conseguir un par de logotipos y sellos digitales para utilizar como referencia. La tercer semana fue necesaria para editar las imágenes de manera convincente. Casi a un mes de iniciado operación, se sintió conforme con el trabajo terminado.
Se coló en internet una vez más, creó una casilla de mail de apariencia sólida y envió su creación. A partir de allí solo quedaba esperar.
Los días comenzaron a pesarle por primera vez. La espera le roía el estómago. A finales de la tercer semana de vigilia, un torbellino lo envolvió. Un grupo de guardias se le acercaron con cara de pocos amigos y lo sacaron de su celda con cuidada rudeza. Le entregaron algo de ropa para que se cambie y lo acompañaron hasta la puerta, entregándole una copia de la carta liberación recientemente firmada por el juez.

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