jueves, 23 de octubre de 2014

Insomnio


Cuatro días sin dormir enfrentándome a la irritante disyuntiva: ¿Disfrutar o buscar respuestas? Esta vez, desperté encarnando a un exitoso empresario del Sur de China y pasé gran parte de la interminable vigilia disfrutando de todos los placeres que el exceso de dinero y la ausencia de moral pueden proveer.
Aturdido por los abusos, no consideré que la cuenta regresiva iba ahorcándome lentamente, olvidando que mi última racha de despertares me había puesto en la piel de un linyera en Connecticut, de un médico voluntario en medio del amazonas y hasta un anciano moribundo en un piojoso hospital venezolano.
Con tanto tiempo despierto, es poco el control que tengo sobre este cuerpo prestado, deambulando por el interminable Penthouse busco cualquier entretenimiento que me ayude a soportar. Dejarme vencer por el sueño significa claudicar a una buena vida y esperar por lo que esta ruleta universal me depare.
Una y otra vez me prometo utilizar el tiempo para encontrar respuestas. ¿Por qué a mi? ¿Cómo controlar el fenómeno? 
 La cabeza me da vueltas. Tres mujeres yacen a mi lado. Apenas cansadas y con más billetes que al llegar. La realidad me supera. Me acurruco entre dos de ellas. Me dejo vencer

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