lunes, 27 de octubre de 2014

Disparo


Un disparo en la habitación a oscuras. Una sorpresa inesperada. Un fogonazo que parece no tener principio ni fin, pero que sin embargo termina.
Un destello tenue que transcurre en cámara lenta, insuficiente para conocer lo que me rodea. No alcanzo a escuchar sonido alguno, excepto la reverberancia de la explosión. El zumbido me invade los oídos como un par de moscas enfurecidas y nada supera su perseverancia. Estoy perdido, mareado. El corrosivo hedor de la pólvora penetrándome más allá del olfato hasta producir un incómodo lagrimeo. Podría haberme dificultado la visión, si fuera posible ver algo. Siento el humo en la cara. Partículas invisibles me alcanzan, me abrazan. Trastabillo.
No puedo ver, no puedo oír. Sólo el humo embota el gusto y olfato de este cuerpo entumecido. Casi perdido busco alternativas. Temo avanzar, temo encontrar. Las piernas se niegan a responderme. Siento la necesidad de de gritar, pero comprendo que no tiene sentido. Nadie puede oír. Siento las piernas flaquear. Mis rodillas se vencen y apenas logro apoyar con dureza las manos sobre el piso. Respiro hondo.
Muevo las manos, tanteando en la oscuridad. Sólo el tacto responde. Un líquido tibio y pegajoso se me cuela entre los dedos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

guuuaaaa..muy bueno el relato. te felicito camilo es una descripcion barbara. como si te metieras en un gran sueno dificil de despertar. me encantoooo para cuando el libroooo. rossy y flia.

Camilo Fernandez dijo...

Gracias Rossy... y flia! me alegro que te guste. vamos de a poco. En eso estamos.