sábado, 30 de noviembre de 2013

Vecino


Llegamos justo cuanto lo cargaban en la ambulancia. Las luces centellaban, iluminando los árboles y las casas del oscuro vecindario. Nos acercamos a pasos largos.
– ¡Fuerza, Viejo! – le dije por lo bajo palmeándole la mano. – Te vamos a acompañar.
–¿Quién carajo sos? – preguntó confundido, casi sin voz y con los ojos entrecerrados.
– Tu vecino, viejo. – Giré la cabeza enfrentando al paramédico. – ¿Se va poner bien?
El conductor de la ambulancia nos indicó balbuceando que parecía ser algún tipo de problema cardíaco, que lo llevaban al Hospital de Urgencias. Su cara manchada de luces carecía de expresión. Le indiqué que buscaríamos algo de ropa y los alcanzaríamos en el hospital.
Cerraron las puertas y partieron con un chillido de neumáticos. Los vimos desaparecer al doblar la esquina. Recorrimos el camino de piedras rumbo a la casa. Las luces permanecían encendidas en casi todas las habitaciones. Se observaba cierto desorden en el comedor, como si el incidente se hubiera desarrollado allí.
Recorrimos la casa y sin demasiado apuro tomamos todo los objetos de valor que pudimos transportar. Fuimos muy selectivos. Pocos minutos más tarde nos alejamos satisfechos por el premio, pero mucho más por nuestro receptor portátil para la frecuencia de emergencias.

No hay comentarios: