sábado, 2 de marzo de 2013

El Hombre que no Salía en las Fotos

Mientras revisaba unas viejas fotos del último año de la secundaria noté con preocupación que no aparezco en las fotos. En ninguna. Llegué a dudar si es que en verdad estuve ahí, esforzándome por dar una mirada a través de la niebla de los años, pero la duda se extendió.
Las primeras sospechas comenzaron cuando un grupo compañeros del colegio lanzaron la tan temida reunión de los veinte años. Algo así como una patada en el centro de lo que nos queda de esa falsa creencia. La temida confirmación. La juventud se ha evaporado, dejando algunos incongruentes vestigios de madurez.
Atadas a las invitaciones y comentarios, llegaban las imágenes de aquellas épocas pasadas. Piqué fotos durante un par de horas a tanta velocidad como el mouse me lo permitía. Nada. Me concentré entonces en buscar la única foto en la que no podía faltar: La postal en la montaña. Si Bariloche tenía algo de previsible es que no podías volver sin tu Postal de Gran Angular. Las inevitables montañas detrás, el pino solitario y las camperas pasadas de moda. Un clásico. Lo preocupante fue que en esa tampoco me encontré. La confirmación del dilema.
Me dediqué durante toda la tarde a sacar cajas llenas de moho en busca de las fotografías de antaño. Encontré la caja de un viejo juego de mesa. En su interior, una docena de imágenes se amontonaban. En ellas se retrataban los últimos veintitantos años de mi vida. Una serie de saltos temporales llenos de emociones tan profundas que rompieron las barreras del olvido.
Una pasada rápida a esas instantáneas polvorientas fue suficiente para ayudarme a descubrir el misterio. Mirando el espejo, nunca identificaría a aquel muchachito delgado y pelilargo de principios de los noventa.

2 comentarios:

CJB dijo...

Jajajaja!, buenísimo!, me gustó mucho el aire de misterio inicial.
Abrazo,

Carlos

Camilo Fernandez dijo...

Que más misterio que creerse ausente de eventos que uno recuerda como vividos?
Es que el paso del tiempo no perdona. Y bue, la pizca de humor era necesaria en este caso. (para no llorar, digo)

Abrazo!