sábado, 23 de febrero de 2013

Sexto Sentido

Nunca he sido una persona particularmente intuitiva, pero cuando el tipo atravesó la puerta llenando el espacio con su gigantesco cuerpo, supe que algo iba mal. En realidad no que iba mal en ese preciso instante, sino que estaba a punto de ir mal. Tuvo que agacharse unos centímetros para cruzar y juraría que sus hombros rozaron la madera despintada del marco. La cabeza calva y los brazos como los de un búfalo creaban una imagen como para temer.
Dudé si levantarme o permanecer sentado. Me mantuve inmóvil en el sillón, con las manos aferradas a los apoyabrazos. El televisor desprendía imágenes y sonidos tan distantes que parecían provenir de la luna.
El gigante avanzó unos pasos hacia mi y sentí como si se consumiera todo el oxigeno que me rodeaba. Tuve que esforzarme para empujar una bocanada de aire a mis pulmones. Mantuve la vista clavada en su enormidad.
El cerebro volvió a enviarme algunas señales en un intento por romper el letargo. Ninguna sirvió para generar movimiento. Algunas imágenes atravesaron la bruma. Las carreras. Caballos, perros, ratas y hasta cucarachas. Las apuestas eran algo nuevo, pero con seguridad no durarían. Mis datos no eran buenos y el bookie del barrio no se caracterizaba por su paciencia o delicadeza. No tuve que adivinar lo que sería de mi rótula.

5 comentarios:

CJB dijo...

Hola Camilo!, me gustó eso de que "se consumiera el oxígeno a mi alrededor"...
Una pequeña corrección: donde dice "con las monos aferradas" debería decir "manos" verdad?
Abrazo,

Carlos

Dany dijo...

A mi también me iba consumiendo el oxígeno.....después recordé que no apuesto.....
Abrazo Camilo!

Camilo Fernandez dijo...

Ouch!!! Es verdad. Corregido. Era manos... No monos.
Listo.
Me alegro te gustara la frase... Saludos.

Camilo Fernandez dijo...

Menos mal Dani. Por suerte no apostas. Si no, pueden visitarte unos maestros que te aturden a trompadas. Jejeje.
Gracias por los comentarios.

Anónimo dijo...
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