domingo, 13 de mayo de 2012

Signos

Me preocupé en el instante mismo que pateé el avispero; y no me refiero en el sentido poético de la palabra, sino que en realidad le di una tremenda patada al panal de avispas que encontré pegado al eje de la rueda de una vieja cosechadora.

Una estupidez sin sentido, podrían decirme, sobre todo a la luz de los hechos. Pero lo cierto es que siguiendo un incontrolable impulso destructivo le di mi mejor zapatazo; ese soñado, ese que te convierte en un mito si lo que hubiera pateado fuera una pelota y esta hubiera terminado en el ángulo del arco contrario en la final de la Copa del Mundo. Pero no. En lugar de eso, el panal terminó en las manos de uno de mis amigos, quien que lo atajó con ambas manos.

Lo extraño es que no corrió. No chilló como un puerco, algo que yo con seguridad habría hecho. Se mantuvo inmóvil, mientras cientos de avispas negras se abalanzaban sobre él. Mi primer reacción fue por supuesto correr como condenado poniendo la mayor distancia posible con la nube de insectos. Una serie de pasos largos y ya estaba lo suficientemente lejos como para animarme a mirar atrás. Me sorprendió de inmediato que mi amigo no me seguía. Me detuve, y en cuanto vencí la rigidez en las piernas, volví a ver si él necesitaba mi ayuda.

Lo encontré sentado contra unto a una rueda gigantesca. Sollozaba con un sonido agudo, apenas perceptible. El rostro irreconocible, por incontables picaduras. No pude continuar mirando y no supe que hacer. Corrí a su casa con los ojos llorosos. Cinco cuadras de ida. Cinco de vuelta. Me acompañó su madre, sin hablar y con el rostro retorcido de preocupación.

Llegamos junto a él. La madre llegó primero e hincó una rodilla junto a él para revisarlo. Mirando sobre el hombro de la mujer, alcancé a ver que ya no sollozaba. No se movía. Ella le pasó la mano por detrás de la nuca y lo acercó a su pecho. Yo me desesperé al no observar signos de vida. Justo en ese momento él abrió los ojos, clavando la mirada en mi. Suerte que no soy alérgico, me dijo justo antes de desmayarse.

2 comentarios:

Dany dijo...

El si que imaginó que hacía la atajada de una final.........
Sobrevivió él.....¿la amistad también?

Camilo Fernandez dijo...

La amistad verdadera sobrevive a todo.