lunes, 2 de abril de 2012

Hoy

Hoy me desperté con el espíritu renovado; si es que tal cosa en verdad existe. Amanecí con un extraña esperanza, las cosas de una vez por todas cambiarían. Las señales se habían estado repitiendo de manera inequívoca, tangibles y alentadoras.

Primero fue un cambio de humor, lo que en la profundidad no es mas que una sensación. Luego fue una semana en la oficina, que comenzó como una deprimente acumulación de sobrecarga y frustraciones, para convertirse en una promesa. Poco a poco, la esperanza se convirtió en certeza. Se trataba de un cambio, el comienzo de una serie de eventos que me sacaría de la ingravidez.

La ducha caliente fue como un viaje en el tiempo. Junto al tipo del espejo decidimos que era el momento de renovar mi apariencia. Unas tijeras y la gastada afeitadora fueron suficientes para materializar el milagro. El nuevo Yo me pareció aceptable. Un buen punto de partida. Aún húmedo y con la toalla colgada al cuello, revolví el guardarropa buscando algo distinto. Otro cambio. Mi viejo traje, una camisa en relativo buen estado y unos zapatos nuevos fueron los elegidos. Obvié la corbata.

Dejé el departamento y elegí las escaleras para bajar los cinco pisos. Un día antes hubiera esperado lo que fuera por el ascensor. Abrí la puerta del edificio y una ráfaga mortecina me alcanzó; me atravesó sin piedad. Mi garganta se comprimió y volví la mirada. Me sorprendieron las mismas miradas ausentes, el mismo gris de la ciudad. Todo se veía exactamente igual que ayer. La evidencia se acumuló, abrumadora. Volví a entrar, nada había cambiado.

2 comentarios:

Dany dijo...

Impecable. No se puede contra todo el resto, jajaj. Un abrazo!

Camilo dijo...

Así es, Dani. Hay veces que no podemos luchar contra la corriente... Pero lo importante es intentarlo, creo, jejeje. Saludos,