viernes, 17 de febrero de 2012

Amor a Primera Vista

Fue en un instante inesperado, desmesurado; como casi todos esos momentos en la vida donde se gestan los “antes y después”. Las agujas del reloj se detuvieron y su sola visión me perturbó para siempre; aún cuando esa fue la primera y única vez que la vi. Un pestañeo, una imagen borrosa a través de un vidrio corrompido por confusos reflejos que se marcó a fuego en mi retina.

El tiempo volvió a la vida, pero esta vez en cámara lenta. Sentí elevarme, mis pies perdieron todo contacto con el terreno. Un cosquilleo interminable me invadió las tripas haciéndome sentir un paracaidista amateur.

Las cosas a mi alrededor volvieron quedarse inmóviles y me dio la impresión que acumulaban fuerzas para estallar en un golpe mortal. Los reflejos anaranjados del atardecer corrompieron la inmaculada percepción de aquel ángel de tez trigueña y sonrisa sincera, tiñendo el parabrisas del auto justo un antes de estrellar mi cara contra el vidrio.

Los eventos siguientes parecieron suceder con asombrosa velocidad y finalmente me trajeron hasta aquí, pero mientras aún estaba tendido en el suelo, esperando la ambulancia y escupiendo los rugosos vestigios de mis dientes, no pude menos que entristecerme por lo efímero del encuentro.

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