martes, 11 de octubre de 2011

Movimiento

Fue mientras conducía como endemoniado por la autopista que tomé conciencia de algunos hechos fundamentales. Con los ojos entrecerrados por la luz del atardecer, supuse que podría evitar que el sol se alejara de mi. Aceleré hasta los limites de mi motocicleta al tiempo que intentaba calcular la velocidad de rotación de la tierra. Las vibraciones del motor corrían hasta mis encías en oleadas imparables como viento huracanado.

La tierra se movía inexorablemente y si era capaz de igualar su velocidad, sería como detener el tiempo aunque mas no sea por un instante. Me dejé arrastrar por el exceso de imaginación y me olvidé por completo de la autopista. Si la tierra completa un giro en veinticuatro horas, solo era cuestión de conocer la circunferencia total del planeta y dividir por veinticuatro. No pude recordar la distancia, pero imaginé que distaría bastante de los doscientos cuarenta quilómetros por hora, y que a medida que nos alejáramos del ecuador la velocidad de rotación sería menor. Fruncí los labios, sorprendido de mi propia sabiduría.

Retomé cierto contacto con la realidad, evitando así terminar decorando las paginas de algún pasquín de segunda. Volví a casa dispuesto a hacer los correcto. Investigué unas cuantas horas, rehice mis planes y conseguí la correcta combinación de rutas aéreas y modelos de aviones. Vacié mi cuenta de ahorros y salí en busca de este sueño. Esperé. Dos días después y en camino hacia algún lugar, me calcé los auriculares para disfrutar de esa melodía cercana a la perfección. Cerré los ojos, y juraría que por un instante, el tiempo se detuvo.

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