domingo, 23 de octubre de 2011

Culpa

El comandante de la Guardia Suiza nunca llegó a cruzar el umbral. Se sabía sin escapatoria. Con el Papa muerto a sus pies, sólo era cuestión de tiempo para que algún integrante de su grupo de obsecuentes apareciera en busca de alguna firma o tal vez de un gesto de aprobación.

Recorrió los aposentos, investigando. Debía existir una manera de escapar, una salida decorosa. No la encontró. Sentía desangrarse al mismo ritmo que su víctima, la energía lo abandonaba gradualmente. El plan, si es que alguna vez había existido, se deshacía como una escultura de arena. Le faltaron palabras. Se sentó de espaldas al cuerpo con los ojos cerrados y el ceño fruncido.

Lo que alguna vez vio como un plan sin errores, de pronto parecía no tener sentido. Poco creativo y lleno de potenciales fallas de libreto. Si algo podía fallar, fallaría. Así fue. El asesinato del Pontífice, misterioso y sin culpable frustrado en parte por frustrado por un vetusto picaporte.


Este cuento NO fue enviado al Concurso de de la Escuela de Escritores: Getafe negro 2011. Bases. Una frase de inicio: "El comandante de la Guardia Suiza nunca llegó a cruzar el umbral" 150 palabras. Obviamente no ganó.

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