lunes, 31 de octubre de 2011

Centésimo

El comandante de la Guardia Suiza nunca llegó a cruzar el umbral. El destino lo impidió en una serie de eventos que dieron comienzo pasada la medianoche. Escuchó la alarma y recorrió los laberintos del Vaticano a pasos largos. Quinientos años de nobleza pesaban sobre sus hombros.

Asumió el papel con altura, dirigiendo esfuerzos de aliados y sembrando la muerte entre los impuros. Una vida de feroz entrenamiento corrían en eléctricos impulsos hasta sus manos. A mitad de camino la falta de aire le sorprendió. Ignoró los síntomas. Continuó avanzando.

Dos puertas lo separaban de su objetivo. Su corazón bombeaba enfurecido. Todo se reducía a esos últimos metros. Vio a tres escoltas conduciendo al Santo Padre. Cambió las llaves por la daga. Alcanzó al rezagado con la boca seca. El muchacho le sonrió, él le cortó el cuello. Su Santidad al alcance. Un trueno. Su corazón falló, la misión también.


Este cuento fue enviado al Concurso de de la Escuela de Escritores: Getafe negro 2011. Bases. Una frase de inicio: "El comandante de la Guardia Suiza nunca llegó a cruzar el umbral" 150 palabras. Obviamente, éste tampoco no ganó.

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