domingo, 1 de mayo de 2011

Veredicto

Llegué a las nueve en punto, conforme a lo previsto. El tribunal de las hormigas ya estaba reunido, esperándome en lo profundo de la caverna. La Reina, presidía la sesión rodeada de una cohorte generales. Se me acusaba del peor crimen cometido por un extraño a la colonia. “Patear un Hormiguero con Alevosía” según lo presentó el implacable fiscal. Le tomó apenas treinta segundos abrir y cerrar el sumario. Impecable, debo confesar.

Me sabía culpable de todo lo expuesto, por lo que opté por no testificar. No tenía mucho que agregar, excepto para empeorar mi situación.

Unas cincuenta mil hormigas disfrutaban de la función de su vida. Los integrantes del tribunal emitieron sus opiniones mediante una extraña combinación de señas ejecutadas con las antenas y esperaron por veredicto de la Madre de la colonia. En total, el juicio duró menos de un minuto.

La reina se paró en sus patas traseras y me apuntó con las cuatro restantes. Culpable, me declaró sin rastro de piedad. La sentencia: entrega diaria de hojas frescas, azúcar y chocolate para las generaciones venideras. Dos mil quinientos cincuenta y siete entregas. Siete años a su servicio.

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