sábado, 23 de abril de 2011

Vigilia

Llevaba un buen rato acostado, en silencio. La bombilla de luz se balanceaba sobre mi, desnuda y amarillenta como una idea de antaño. Pestañeé varias veces ante las débiles oscilaciones de la luz, culpando a mis ojos cansados. Las trepidaciones se mantuvieron. Mantuve la mirada fija en el filamento hasta que el decadente dormitorio se volvió borroso.
Sobre la mesa de luz, un único plato de bordes astillados me esperaba en silencio. Los restos de una lata de caballa con cebolla y limón se encargaron de quitarme el hambre de inmediato; aún sentía la pegajosa acidez de la cena saturando mis entrañas. Sólo necesitaba un vaso de agua fresca y la botella que tenía a mano apenas tenía algunas gotas. Lo intenté de todos modos, pero apenas logré refrescarme la lengua y aumentar la desesperante necesidad de un trago.
Volví a fijar la vista en la bombilla trazando complicados planes para perseguir el futuro que se mostraba esquivo. La intensidad de la luz mostró variaciones intermitentes; luego la vi oscilar una última vez antes de hincharse como una anaconda incandescente y reventar.
Inmóvil en la oscuridad me hice algunas preguntas sobre mi suerte, pero no logré convencerme del infortunio; y en cuanto escuché a lo lejos los primeros acordes de la canción que había querido escuchar durante todo el día, supe que el futuro estaba muy cerca.


2 comentarios:

Dany dijo...

Veo un via crucis. Veo alguien que pese a todo lo que lo entorna tiene algo de esperanza. Bueno, es lo que veo. Abrazo Camilo.

Camilo dijo...

Lo que ve es lo que hay, mi amigo.
Saludos,