sábado, 16 de abril de 2011

Sed

La tibia humedad de la tierra le ayudó a ganar la superficie. A través de los ojos embarrados, llegó a ver unas uñas inusualmente largas y tan negras como el cielo que lo vigilaba. Le fue necesario un esfuerzo sobrehumano para ponerse de pie y se mantuvo con el torso inclinado hacia adelante, enfrentando la tierra recién removida en búsqueda del equilibrio perdido. Hizo varios intentos por erguirse pero sus miembros entumecidos se negaban a complacerlo.

No le sorprendió advertir tenía la garganta y fosas nasales colmadas de tierra fresca. Alcanzó a toser casi por reflejo y pudo a distinguir algunos trozos de barro cayendo a sus pies. Ensayó varios escupitajos y forzó una carraspera. Restregó el paladar con la lengua, tan seca como cartulina. La pasta se le antojó arenosa e insulsa. Volvió a escupir.

Las entrañas le hervían como una sopa del infierno. Una fuerza primaria e inexplicable lo incitaba a combatir el fuego que lo atormentaba. La sed de sangre se le hizo insoportable. Sintió deseos de llorar. El corazón marchito se contrajo en la profundidad de su cuerpo. Logró mover gradualmente las piernas y sin un gramo de remordimiento caminó rumbo al único lugar que conocía.

4 comentarios:

Dany dijo...

Me gustó el relato a pesar de la intriga que deja. Donde iria a saciarse? Un abrazo.

Camilo dijo...

A dónde nos lleva en instinto?

Dany dijo...

A los hombres.......nos lleva a las mujeres. A estas criaturas supongo que tambien, jaja.

Camilo dijo...

Verdad, mi amigo. En general nos lleva al mismo lugar. En este caso, creo que a un lugar más íntimo y habitado...