sábado, 2 de abril de 2011

Carrera

Corrimos como locos durante horas cargadas de segundos perezosos. Por momentos con los ojos cerrados, intentando contener las lágrimas cada vez más escasas; de a ratos con la vista nublada por el odio y la desesperación. Los latidos martillándonos las sienes cual bombardeo sobre Beirut y el aire incandescente evaporándose de nuestros pulmones. Continuamos corriendo casi al límite de nuestras fuerzas, disminuyendo el ritmo a cada minuto. Un minuto de descanso y luego volvíamos a retomar la carrera, mientras nos sentíamos amenazados de las sombras de la tarde.

La energía nos abandonaba poco a poco, diluyéndose en un océano de incertidumbre. Avanzamos, devorando terreno durante dos días sin saber cuánto camino restaba por recorrer ni los obstáculos que encontraríamos durante la marcha. Racionábamos una botella de agua sucia y unos bollos de pan robados de un puesto destruido. El viento se complotaba contra nosotros, como intentando impedirnos el paso.

Pasamos las noches refugiados entre escombros y mantos de angustia, incapaces de mantener el calor en nuestros cuerpos. Retomábamos el camino antes del amanecer, convencidos de que hacíamos lo correcto. Avanzamos hasta nuestro destino, solo para encontrarnos con que nada quedaba por salvar.

2 comentarios:

Dany dijo...

Estimado. Es un gusto volver a leerlo. Quienes sobrevivieron sería la pregunta?. Un abrazo.

Camilo dijo...

Quién sabe, amigo Dany. Quién Sabe.
Casi siempre alguien sobrevive para contarlo...
Abrazo