miércoles, 24 de marzo de 2010

Sobrevivientes

El gran terremoto de Haití los alcanzó en un modesto complejo de departamentos de Puerto Príncipe. Hasta donde saben, fue la única familia que no perdió a un ser querido en aquella catástrofe. Algunos días después, tras errar en busca de agua y comida, temerosos de que la muerte llegara sin aviso, lograron contactarse con los familiares de Chile y ellos aceptaron recibirlos. Eran trabajadores, sólo necesitaba una oportunidad.

Les costó una semana instalarse y alejar a los fantasmas del desastre; los proyectos laborales comenzaban a florecer cuando los alcanzó una racha interminable de terremotos y tsunamis. En medio de los destrozos y la desesperación lograron salvarse todos; la familia estaba intacta. Presos del pánico, peregrinaron hacia zonas más seguras. Fue así que llegaron a Perú, por carretera, luego de más de veinte días de viaje. Aún se consideraban afortunados por estar unidos. Los peruanos fueron tan hospitalarios y caritativos que les pareció imposible de creer; les abrieron sus puertas y sus corazones y les brindaron lo poco que tenían. Por esos días, la historia de la supervivencia de aquella familia se empezó a difundir cuando el periodismo se hizo eco de la noticia.

Entonces que ocurrió lo inesperado. La cordillera se quebró en un atronador terremoto, provocando una de los mayores desastres naturales de la historia. Esa madrugada, toda la familia quedó sepultada bajo las vigas de un refugio, pero nadie sufrió heridas y lograron salir con vida. La historia se hizo aún más conocida, y muchos hablaron de milagro. Sin embargo, hoy nadie se atreve a darles asilo.

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