miércoles, 24 de febrero de 2010

Matador

Ayer escuché a dos viejas hablar en la panadería acerca de lo poco que vale la vida. Por un instante me sentí tentado a contestarles. Diez lucas. Eso es lo que vale, al menos para mi. Si tuviera que confesar sobre cómo me inicié en esta profesión, tendría que decir (como tantos) que por casualidad.

Tenía unos diecinueve o veinte años y un vejo amigo me pidió un favor. Cobrar una deuda. El trabajo me pareció relativamente fácil, sin riesgos y para hacerlo aún más interesante podía ayudar a un amigo y hacerme de unos pesos. Como a las diez de la mañana toqué la puerta del tipo; salió en calzoncillos y camiseta. Un laburador, pensé de inmediato. Le expliqué seriamente lo que hacía en su casa y su primer reacción fue empujarme, gritándome y puteándome por aparecer en su casa.

No le di mucho espacio a la charla y saqué una media que llevaba en el bolsillo llena de tuercas y la abollé la cabeza. Nada importante, como para que entienda el mensaje. Esa misma tarde saldó la deuda.

Hoy no le hago favores a mis amigos. Sólo a mi. El negocio fluye tranquilo. Mucha gente buscando saldar deudas.

4 comentarios:

Yoni Bigud dijo...

Y... a todo se le toma el gusto. Y si viene con algunos papelitos de colores mucho mejor.

Un saludo.

Camilo dijo...

Me pareque que este le tomó el gusto en serio. Y por lo visto, tambié recibe papelitos de colores.
Gracias por pasar!

rama dijo...

flor de amigo por un favor así, muy bueno!!.
saludos.

Camilo dijo...

Hay amigos de todo tipo!
Gracias por dejar tu huella.
Saludos