domingo, 8 de noviembre de 2009

El Sacerdote

En cuanto el viejo sacerdote recibió la noticia, sus ajadas facciones se tensaron. Frente al maltrecho soldado, intentó digerir la bofetada de realidad. El enemigo se encontraba a las puertas de la ciudadela y las fuerzas del Cacique nunca llegarían a tiempo.

Conocía su destino. Con voz calma profirió una orden al soldado. En cuanto el guerrero se alejó a paso largo, giró hacia los cinco jóvenes sacerdotes que lo esperaban preocupados.

Las órdenes fueron precisas. Cuatro de los religiosos se alejaron en busca de diferentes grupos. Vírgenes, nodrizas, científicos y esclavos aguardaban atemorizados. El quinto hombre se arrodilló ante la experiencia en busca de la indicación final. Escucharla provocó un vacío en su interior. Reclutar un grupo de esclavos y destruir todo lo que no pudieran cargar.

Con escasa escolta militar y respetando la jerarquía de cada grupo, los habitantes de la ciudadela se alejaron rumbo a la selva utilizando el puente secreto. Desde lo alto, el anciano sacerdote recorrió con la mirada. Suspiró débilmente y se dirigió hacia su protegido exigiéndole que se encargara de guiar el grupo.

Sin mediar saludo, el anciano le dio la espalda y caminó lentamente hacia las puertas de Machu Picchu.

5 comentarios:

Yoni Bigud dijo...

Muy bueno, y sobre todo, con un sorpresivo final.

Un saludo.

Camilo dijo...

Gracias Yoni, se agradece el comentario y que bueno que te gustara el giro.
Como siempre, es un gusto verte por acá.
Saludos,

Julia dijo...

Convinando este cuento con tus fotos de Machu del FB y más el recuerdo de mi viaje a esa bella ciudadela
en ruinas, entiendo la mirada nostálgica de tu protagonista, y a través de ella presiento la tuya. Es imposible no echar el último vistazo cuando te vas de ahí. Cómo habrá sido para sus pobladores.

Besos

Camilo dijo...

Me leiste la mente Julia. Cuando uno mira la ciudadela por última vez, no puede evitar pensar en lo que habrán sentido sus pobladores al dar su última mirada; obligados a dejar el lugar, acosados por los invasores.

Camilo dijo...

Uhhh, do you think?