viernes, 16 de octubre de 2009

Dígitos

Resignado, me dejo caer junto al diabólico aparato que se empeña en atormentarme hasta empujarme al límite. Es, a esta altura, una batalla perdida. El tiempo está en mi contra. Siempre lo estuvo.

Trago saliva, sabiendo que si tuviera úlcera ya estaría revolcado en el piso en medio de mi propia inmundicia. El interior me quema y no puedo evadir el pensamiento: La úlcera está creciendo. Algo está creciendo.

Los dígitos luminosos siguen avanzando. Siento deseos de correr, alejarme sin volver la vista atrás, pero se que jamás poder hacerlo. Soy prisionero en esta ratonera, iluminada apenas por los destellos rojizos del contador. Intento cerrar los ojos y olvidar la realidad que me atormenta. Por una vez, crear mi propio mundo, aunque sólo sea en mi imaginación.

Nada. Oleadas de asquerosa realidad inundan mi débiles intentos. No tengo a donde ir, ni nadie que me espere. Sólo puedo permanecer y perecer. Caminar en círculos tampoco ayuda. Tan sólo esta espiral descendente con rumbo a lo inevitable.

Necesito hacer algo por mi. Tal vez saltar o tal vez intentar escapar. Me inclino por la última. Salgo de la cama y con una sola mano estrelló el reloj contra la pared.

6 comentarios:

Julia dijo...

Muy bueno. Es increíble que algo tan intangible como el tiempo, aprisione tanto, ¿no?

Camilo dijo...

Parece increible, Julia; pero es la única "cosa" de la cual no podemos escapar.

Gracias por la visita!

Anónimo dijo...

es una locura tus argumentos son opacos amigo,

Camilo dijo...

Se agradece la crítica amigo, aunque sería lindo que se identifique.
Por cierto, es sobre este cuento o sobre toda la obra?

Anónimo dijo...

Viejo, soy Fer. Este realmente es tan expresivo de la sensación de estar atado a una rutina o al maldito tiempo que se expresa en esa herramienta voraz que suele ser el despertador.
Me encató este, es el mejor de todos.
Seguí asi amigo!!!!!!

Fer

Camilo dijo...

Gracias Fer, cuanta verdad hay en tus palabras. Nos es el reloj una prisión?
Yo creo que si.
Gracias por tus palabras.
Un abrazo