miércoles, 15 de julio de 2009

Madrugada

Llegué al departamento después de una noche de juerga, el sol ya se asomaba por detrás del horizonte. Sin desvestirme, me dejé caer en la cama vencido por el alcohol y la música electrónica. Para ser lunes por la mañana, el edificio estaba tranquilo. Sonreí mentalmente al recordarlo. Vivir de la familia es gratificante.

En cuanto apoyé la cabeza en la almohada, una serie de ruidos sordos cayeron desde el piso de arriba. Tum... tum... tum. El extraño y rítmico sonido recorría la estancia. Hubiera jurado que eran pasos, pero el tiempo entre cada uno era demasiado largo como pasa sostener mi teoría.

El sonido cesó de repente. Con los ojos vidriosos, volví a apoyar la cabeza agradecido. La dicha no duró demasiado. Casi de inmediato, el simple ruido anterior se convirtió en estruendo. El mismo tempo, mayor volumen. Las ventanas vibraron, e imágenes de una vieja película invadieron mi mente.

Fuera de control, salí del departamento y corrí escaleras arriba. Mis nudillos lloraron por los golpes. Los ruidos cesaron. La puerta se abrió y detrás de ella aparecieron cinco gringos enfundados en extraños uniformes negros con brazaletes rojos. Me miraron con ojos desorbitados; luego se abalanzaron sobre mi.

4 comentarios:

Yoni Bigud dijo...

Un panorama poco alentador. Muy bueno.

Un saludo.

Camilo dijo...

Le auguro un futuro tan negro como los uniformes.
Gracias por darte una vuelta Yony!

Julia dijo...

muy bueno... no pudo zafar

Camilo dijo...

Hola Julia, safar, a veces es una cuestion de aprovechar el momento, aunque en este caso, parece que el momento en que decide tocar la puerta no fue el mejor.
Gracias por tu comentario!