domingo, 4 de mayo de 2008

Reacción

El Centro Comercial había quedado en penumbra. Un creciente murmullo surgió desde lo profundo. Dejé de caminar, preguntándome por qué no se encendían las luces de emergencia. Escuché a padres desesperados llamando a sus hijos. Algunos niños lloraban. El grito se oyó muy cerca y un frío glaciar comprimió mis entrañas. Por instinto, giré para encontrar el origen del sonido. Vi sombras que corrían sin dirección. Entonces, otro grito, aún más fuerte. Muy grave me llegó a lo lejos. Yo seguía sin moverme. Brazos, manos y codos me golpearon. Otra serie de gritos se desató, cada vez más fuertes. Pánico. Corrí sin dirección, sumergido en la marea humana. Fui arrastrado. Caí al piso. Intenté protegerme sin éxito. Me pisaron, patearon y golpearon. Me arrastré dolorido hasta una pared. El ruido era ensordecedor como el de un avión. Podía sentir el calor de los cuerpos y el hedor del miedo. En posición fetal, esperé. Los gritos continuaban cada vez más desesperados y los cuerpos caídos se amontonaban junto a mi. La desesperanza se adueñó de mi. La luz regresó. En cuanto comprobamos que sólo fue ataque de pánico colectivo; nos alejamos avergonzados, mirando hacia abajo y organizando torpemente nuestras ropas.

3 comentarios:

saudade dijo...

Muchas gracias.
Y... puedo decir lo mismo.

Gracias de nuevo por tu visita.
Un saludo :).

saudade dijo...

Muchas gracias.
Y... puedo decir lo mismo.

Gracias de nuevo por tu visita.
Un saludo :).

Camilo dijo...

De nada Saudade, de nada.
Ha sido un gusto.
Saludos.