domingo, 27 de abril de 2008

Paseo

Avanzando con pasos cortos por la calle contempló a su alrededor. Cientos, tal vez miles de personas vociferaban junto a la calle que transitaba, con brazos en alto, agitándolos a su paso. No comprendía lo que gritaban. Sabía que por más que se esforzara, no lograría hacerlo. Los pocos días que llevaba en el país y el desconocimiento absoluto del idioma se lo impedían. Pensó en lo fácil que sería su vida si ellos comprendieran algo. Se maldijo por haber elegido como destino un país del que nada conocía. Continuó caminando. Varias personas abandonaron la seguridad de las veredas y se lanzaron hacia él. Los guardias que caminaban a su lado se encargaron de devolverlos a sus lugares. En más de una ocasión, tuvieron que utilizar sus cachiporras, especialmente con un par de señoras histéricas. A unos cien metros, pudo ver el escenario de madera. Humilde, desgastado por el uso y el clima. Miles de personas la rodeaban, ansiosos por el inicio del espectáculo. Alzaron sus voces nuevamente; ansiosos. Cuando llegó junto al estrado, le sorprendió su altura. Desde lejos aparentaba ser menor. Lo ayudaron a subir. En la explanada, el verdugo aguardaba con la soga en sus manos.